En nuestro día a día nos encontramos
con diferentes escenarios donde alguien ya sea con o sin intención puede herir
nuestros sentimientos, ya sea por una acción, un gesto o una palabra, esto
puede ocasionar en nosotros un quiebre emocional y darle lugar a sentimientos
no deseados que inundan nuestro corazón y nos hacen llevar una pesada carga.
El aferrarnos a las ofensas nos
recuerda constantemente nuestra molestia. Los conflictos que no se
han resuelto ocupan demasiado espacio en nuestra mente. Perdemos la paz por
ellos y si no tenemos cuidado, podemos permitirles dañar nuestras relaciones.
¿pero vale la pena cargar con estos
sentimientos en nuestros corazones? La respuesta es NO, El libro de proverbios
dice el que perdona la ofensa cultiva el amor Proverbios 17-9
Cuando retenemos el
perdón a alguien, consumimos energía y tiempo que de otra manera podría
utilizarse para servir a Dios y a los demás y enriquecer nuestras vidas el
libro de mateo es claro cuando dice Porque, si perdonáis a los hombres sus
ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial Mateo 6-14
¿Cómo podemos tener gozo cuando estamos
enfocados en nuestros pensamientos de ira, resentimiento, amargura y venganza?
Cuando elegimos
perdonar, permitimos al Espíritu Santo entrar en nuestros corazones. Debemos
decidir ser felices, al perdonar a aquellos que nos han herido damos el primer
paso para construir una relación saludable con todos aquello que nos rodean,
nuestra felicidad no debe depender de las personas ni de que se haga
justicia, nuestra felicidad debe provenir de nuestro salvador salmo 13-5 sin
duda alguna el perdón nos hace libres.
Es más fácil decir que perdonaremos a
alguien que hacerlo en realidad, especialmente si la ofensa es severa. A veces,
se siente como que el perdón es imposible. Pero si confiamos en nuestro
Salvador, quien no solo sufrió por nuestros pecados, podemos encontrar
fortaleza que viene de lo alto. Ora para poder perdonar y Jesucristo te
ayudará. No es fácil, pero cuando perdonamos, nos liberamos de nuestras
cargas y sentimos una enorme paz
Cuando sea difícil perdonar, podemos
ver hacia Jesucristo. Aún mientras colgaba en la cruz, con clavos que
atravesaban sus manos y pies, clamó a Dios, “Padre, perdónalos; porque no saben
lo que hacen” (Lucas 23:34). Tal vez no tengamos la habilidad para
perdonar por nuestra cuenta, pero si le pedimos a Dios que nos enseñe como
hacerlo y que quite de nosotros el resentimiento y dolor Dios lo hará Juan
14-13 Y
todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo, Jesús sufrió por nuestros “dolores y aflicciones” es
por eso por lo que Él sabe cómo ayudarnos. A través de su gracia, nosotros
podemos no solo ser perdonados, sino que podemos también tener la fortaleza
para perdonar a los demás.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario